Masaje tradicional thailandés

27 febrero, 2007
  • Categorías: General
  • Publicada por Iranzu S.

Echando un vistazo a nuestro entorno encontramos cada vez con más frecuencia elementos exóticos que hemos ido incorporando de otras culturas, desde comida japonesa a música hindú, el panorama se va llenando de colores.

Masaje thailandes

El área de la salud también se ve influenciada por estilos de vida importados de oriente, actualmente se pueden disfrutar todo tipo de terapias “alternativas” y atractivos masajes que se hacen eco de los valores orientales: equilibrio, serenidad, armoní­a,…
En muchos casos, el rastro de estos valores se utiliza como mero señuelo comercial, para vender la decoración Zen de Ikea o la túnica de Nefertiti que te hará parecer 10 años más joven.

Pero es normal que envueltos en nuestro exigente ritmo de vida, durante el atasco o en el metro a hora punta, intentemos escapar y volvamos la vista hacia ese mundo mágico tratando de recuperar una dimensión más humana de nosotros mismos, ahí­ empieza la búsqueda, tal vez quieras comenzar el maravilloso viaje a través del masaje… y un vehí­culo de lujo es la ceremonia del masaje tailandés.

Todo empieza en una acogedora sala en penumbra, degustando un te y dejándote envolver por un antiguo aroma a incienso, te desnudas a solas para ponerte un pijama tí­pico tailandés de algodón, y descansas sobre un tatami de caña de bambú esperando a la persona que hará el “ritual” con tu cuerpo, mientras, escuchas una melodí­a suave que evoca lugares remotos, cuando ella llega te mira y sonrí­e, apenas habla tu idioma, así­ que a partir de ahora la comunicación será directamente con tu cuerpo, no habrá palabras en las que refugiarse, serán sus manos las que hablen a tus sentidos, no a tu mente, y de ti depende entregarte a esta manera diferente de relacionarte. Normalmente no estamos acostumbrados a tocarnos, apenas durante la niñez, luego el contacto fí­sico se vive en el espacio reducido de la pareja, y recuperar esa sensación de calidez de la infancia, abandonándote a unas manos reparadoras que te alivian es una de las grandes maravillas de cualquier masaje, esta experiencia no se puede expresar con palabras, es una cuestión de sensaciones, y lo que se encuentra finalmente es confianza, placer, vitalidad.

No obstante, esto ha sido difí­cil de captar para occidente y los conocimientos de esas manos expertas han sido desvirtuados tiñéndolos con un matiz sexual, curiosamente, el masaje tradicional tailandés nació en los monasterios budistas como una terapia que combinaba masaje y posturas de yoga para mantener el cuerpo en óptimas condiciones, nada que ver con la carga erótica que se le añadió después gratuitamente, de hecho, durante siglos, su práctica estuvo restringida al interior de los templos como ritual sagrado que implicaba la mente y el cuerpo y solo era empleada por monjes iniciados, más tarde se popularizó hasta convertirse en el elemento más importante de la medicina preventiva tailandesa, instaurándose como hábito y sólo en algunos ámbitos se utiliza el nombre de masaje tailandés para definir un negocio de prostitución creando confusión, porque es cierto que el masaje tailandés es dulce, e í­ntimo, incluso podrí­a definirlo como orgásmico, pero no tiene nada que ver con el sexo, sino con el cariño que implica querer cuidar a alguien.

Esta sociedad no está acostumbrada a un contacto inocente, respetuoso, libre de prejuicios, a nosotros nos toca decidir si nos regalamos esta profunda vivencia o nos conformamos con tener Oriente en la decoración.